domingo, 6 de noviembre de 2016
sábado, 15 de junio de 2013
Palabras de mundos distantes
Durante un año fui al menos una vez por semana a un hospital del Bronx. El hospital se llama Lincoln y en la recepción tiene una acuarela en la que aparece Benito Juárez, la mitad de la gente habla español y afuera venden un falafel extraordinario. En el cuarto piso de Lincoln está pediatría, en donde pasaba una buenas horas escribiendo cosas con los niños. Decir que fue genial es decir poco pero es al mismo tiempo todo lo que quiero decir ahora sobre esta experiencia. Me interesa, más bien, compartir algo de la frescura de estos chavos a todo dar*:
Crocodileman
Crocodileman is a crocodile that likes to eat meat
and things that have meat inside,
like people.
People is the thing he loves most.
I don't know why but is what he likes.
Crocodileman hates school.
Crocodileman wouldn't eat metal
but if metal was made of meat;
Oh, yeah.
If he tastes a carrot he says:
It needs more meat!
If you give Crocodileman a butterfly
maybe he would eat it
because I don't know if butterflies are made of meat.
*Algunos.
Crocodileman
Crocodileman is a crocodile that likes to eat meat
and things that have meat inside,
like people.
People is the thing he loves most.
I don't know why but is what he likes.
Crocodileman hates school.
Crocodileman wouldn't eat metal
but if metal was made of meat;
Oh, yeah.
If he tastes a carrot he says:
It needs more meat!
If you give Crocodileman a butterfly
maybe he would eat it
because I don't know if butterflies are made of meat.
Matthew
*Algunos.
sábado, 16 de junio de 2012
Dos testimonios
I
En la ciudad dormitorio
de San Francisco de las Peñas
encontré a un carpintero
que vivía de hacer caballos de madera
hasta convertir aquella imagen
en el denario de su vida.
El caballo
lo era todo para él.
Dura memoria:
la enfermedad de su hijo
costó cinco caballos,
y un viaje al mar
tan sólo dos.
El caballo iba a galope
en el sueño,
peleando la rienda,
extraviado
en un desierto de sal,
sin abrigo
ene le horizonte
blanco.
Igor Barreto
En la ciudad dormitorio
de San Francisco de las Peñas
encontré a un carpintero
que vivía de hacer caballos de madera
hasta convertir aquella imagen
en el denario de su vida.
El caballo
lo era todo para él.
Dura memoria:
la enfermedad de su hijo
costó cinco caballos,
y un viaje al mar
tan sólo dos.
El caballo iba a galope
en el sueño,
peleando la rienda,
extraviado
en un desierto de sal,
sin abrigo
ene le horizonte
blanco.
Igor Barreto
lunes, 23 de enero de 2012
Poética
La poesía no nace.
Está allí, al alcance
de toda boca
para ser doblada, repetida, citada
total y textualmente.
Usted, al despertarse esta mañana,
vio cosas, aquí y allá,
objetos, por ejemplo.
Sobre su mesa de luz
digamos que vio una lámpara,
un radio portátil, una taza azul.
Vio cada cosa solitaria
y vio su conjunto.
Todo eso ya tenía nombre.
Lo hubiera escrito así.
¿Necesitaba otro lenguaje,
otra mano, otro par de ojos, otra flauta?
No agregue. No distorsione.
No cambie
la música de lugar.
Poesía
es lo que se está viendo.
Joaquín O. Gianuzzi
miércoles, 26 de octubre de 2011
Estación
Este video lo hizo mi amigo Alejandro Albarrán cuando presentó el libro "Los trenes que partían de mí". Se llama "Estación".
lunes, 28 de marzo de 2011
Juan 21, 7 o los clavadistas
Para mi hijo Juan Francisco y para Edgar Rubio
¿Has visto a los clavadistas en "La Quebrada"?
Suben el risco ansiosos de alcanzar la cima
para luego mirar hacia el abismo
donde el mar es un dios oscuro e indomable,
una incógnita repetida como un bramido contra las rocas.
¿Qué buscan levantados y tensos como un arco presto a lanzar el arpón de sus morenos torsos?
¿Para quién, por el amor de quién se precipitan una y otra vez en el vacío?
Una misteriosa voluntad nunca satisfecha los eleva y los vuelve a lanzar a través del aire en el océano sin tiempo,
en esa herida abierta en el flanco de las rocas
como si el cosmos hubiera desgarrado ahí la materialidad de la tierra
y, apenas zambullidos, vuelven a salir, Sísifos del agua, a la superficie para emprender de nuevo el camino
mientras a sus espaldas, temerosos del dios, las falsas flores de las marquesinas,
los gritos del "trance",
las torres de los hoteles,
esa Babel del consuelo que Baal erigió junto a las playas,
acallan la pregunta del mar,
la voz del dios que continúa su bramido en las profundidades del risco.
Sólo los espectadores,
unos cuantos salidos del círculo infernal,
sobre las terrazas y las escaleras contemplamos el rito
como si en los clavadistas lo real recuperara su signo,
como si en ellos,
en la forma en la que levantan los brazos,
inclinan el torso y se lanzan el vacío
se materializara la experiencia de nuestras propias vidas
y expectantes aguardáramos una respuesta al misterio,
y yo me pregunto, en medio del tumulto,
¿si en cada clavado rememoran a Pedro
o acaso piensan en él cuando en la madrugada, sobre la barca, divisó al Señor en la orilla del Tiberiades y ciñéndose la piel de carnero se arrojó al mar?
Pero ellos están desnudos
y al erguirse en el risco dibujan la gran incógnita de la existencia que fue respuesta en Pedro.
Una y otra vez repiten el gesto
como esperando mirar un día al Señor junto a las rocas y ser acogidos en su desnudez;
¿o tal vez aguardan la mirada de Juan,
ese hijo de la vigilia, que en medio de la noche da en el blanco que todos buscaban y nadie veía?
No lo sé,
pero en ellos,
aún inmaduros como nosotros,
en ellos, que ávidos se lanzan día tras dia del árbol del risco en busca del dios
y al caer se hunden en el misterio sin encontrar reposo,
en ellos quiere dibujarse esa ternura de Pedro que era muestra de su amor.
Pero de sus gestos no emerge plenamente la ternura,
tensos ante el salto, temerosos de perderse, de extraviar la caída,
y una vez más vuelven a ascender con los oídos atentos a la resaca el dios
y una oscura esperanza que apunta ciegamente hacia el abismo.
Oh, Señor, tómala,
colócala en tu corazón,
consérvala junto a la plenitud que todavía no nos pertenece
y ahí, en el secreto de lo oculto que el bramido del mar aclama,
celebra el intento de los hombres por llegar a ti.
Tal vez de improviso,
en el océano al que se arrojan,
en ese ningún lado abierto en el risco,
se encuentra el sitio
donde la esperanza incomprensiblemente trasmuta el salto en ternura,
y las aguas y su orilla en ese hueco abierto donde la suma de los saltos se revela en el rostro de tu resurrección que nos acoge.
¿O no es verdad, Señor,
que al concluir el espectáculo,
en la sonrisa de los clavadistas
y la que nosotros les devolvemos desde la orilla,
existe ese rostro, atesorado desde siempre y aún desconocido por nosotros y ellos, de tu aparición?
Javier Sicilia
jueves, 20 de enero de 2011
Obra negra
Están quitando las ventanas de la casa de junto. Al principio pensé que sólo serían los marcos, pero no, están quitando las ventanas enteras. Ya no está ese cuadro de luz por el que salía el vapor de la regadera por las mañanas. Ahora la casa se está convirtiendo en un cubo de concreto, se está cerrando hacia ella misma. Tal vez sea una pupa, o una larva que se medita en su propia oscuridad. Qué se gesta ahí adentro, cuándo se abrirá.
lunes, 22 de noviembre de 2010
De Marzo del 79
Cansado de todos los que llegan con palabras, palabras, pero no lenguaje,
parto hacia la isla cubierta de nieve.
Lo salvaje no tiene palabras.
¡Las páginas no escritas se ensanchan en todas direcciones!
Me encuentro con huellas de pezuñas de corzo en la nieve.
Lenguaje, pero no palabras.
Tomas Tranströmer
Cansado de todos los que llegan con palabras, palabras, pero no lenguaje,
parto hacia la isla cubierta de nieve.
Lo salvaje no tiene palabras.
¡Las páginas no escritas se ensanchan en todas direcciones!
Me encuentro con huellas de pezuñas de corzo en la nieve.
Lenguaje, pero no palabras.
Tomas Tranströmer
miércoles, 2 de junio de 2010
Una chulada
Ayer por la noche, de regreso a casa en la bici, pasé enfrente del departamento de un buen amigo. Estaba recargado en el balcón fumando un cigarro. Me invitó a pasar. Charlamos tan agusto como siempre y después de darle vueltas a los temas que nos comen la cabeza, me mostró esta joya que no había leído y que me parece, por decir lo menos, fantástica.
The Season of Phantasmal Peace
Then all the nations of birds lifted together
the huge net of the shadows of this earth
in multitudinous dialects, twittering tongues,
stitching and crossing it. They lifted up
the shadows of long pines down trackless slopes,
the shadows of glass-faced towers down evening streets,
the shadow of a frail plant on a city sill --
the net rising soundless at night, the birds' cries soundless, until
there was no longer dusk, or season, decline, or weather,
only this passage of phantasmal light
that not the narrowest shadow dared to sever.
And men could not see, looking up, what the wild geese drew,
what the ospreys trailed behind them in the silvery ropes
that flashed in the icy sunlight; they could not hear
battalions of starlings waging peaceful cries,
bearing the net higher, covering this world
like the vines of an orchard, or a mother drawing
the trembling gauze over the trembling eyes
of a child fluttering to sleep;
it was the light
that you will see at evening on the side of a hill
in yellow October, and no one hearing knew
what change had brought into the raven's cawing,
the killdeer's screech, the ember-circling chough
such an immense, soundless, and high concern
for the fields and cities where the birds belong,
except it was their seasonal passing, Love,
made seasonless, or, from the high privilege of their birth,
something brighter than pity for the wingless ones
below them who shared dark holes in windows and in houses,
and higher they lifted the net with soundless voices
above all change, betrayals of falling suns,
and this season lasted one moment, like the pause
between dusk and darkness, between fury and peace,
but, for such as our earth is now, it lasted long.
Es de Derek Walcott.
The Season of Phantasmal Peace
Then all the nations of birds lifted together
the huge net of the shadows of this earth
in multitudinous dialects, twittering tongues,
stitching and crossing it. They lifted up
the shadows of long pines down trackless slopes,
the shadows of glass-faced towers down evening streets,
the shadow of a frail plant on a city sill --
the net rising soundless at night, the birds' cries soundless, until
there was no longer dusk, or season, decline, or weather,
only this passage of phantasmal light
that not the narrowest shadow dared to sever.
And men could not see, looking up, what the wild geese drew,
what the ospreys trailed behind them in the silvery ropes
that flashed in the icy sunlight; they could not hear
battalions of starlings waging peaceful cries,
bearing the net higher, covering this world
like the vines of an orchard, or a mother drawing
the trembling gauze over the trembling eyes
of a child fluttering to sleep;
it was the light
that you will see at evening on the side of a hill
in yellow October, and no one hearing knew
what change had brought into the raven's cawing,
the killdeer's screech, the ember-circling chough
such an immense, soundless, and high concern
for the fields and cities where the birds belong,
except it was their seasonal passing, Love,
made seasonless, or, from the high privilege of their birth,
something brighter than pity for the wingless ones
below them who shared dark holes in windows and in houses,
and higher they lifted the net with soundless voices
above all change, betrayals of falling suns,
and this season lasted one moment, like the pause
between dusk and darkness, between fury and peace,
but, for such as our earth is now, it lasted long.
Es de Derek Walcott.
viernes, 30 de abril de 2010
A mitad de la noche
Me levanto a mitad de la noche con mucha sed.
Mi viejo duerme, mis hermanos duermen.
Estoy desnudo en el medio del patio
y tengo la sensación de que las cosas no me reconocen.
Parece que detrás de mí nada hubiese concluido.
Pero estoy otra vez en el lugar en el que nací.
El viaje del Salmón
en una época dura.
Pienso esto y abro la heladera:
un poco de luz desde las cosas
que se mantienen frías.
Fabián Casas
Mi viejo duerme, mis hermanos duermen.
Estoy desnudo en el medio del patio
y tengo la sensación de que las cosas no me reconocen.
Parece que detrás de mí nada hubiese concluido.
Pero estoy otra vez en el lugar en el que nací.
El viaje del Salmón
en una época dura.
Pienso esto y abro la heladera:
un poco de luz desde las cosas
que se mantienen frías.
Fabián Casas
miércoles, 21 de abril de 2010
Lo echo de menos
Yo tenía "Cuadernos de Voronezh". Fue un regalo muy querido de Begoña Pernas. No lo encuentro. No lo encuentro. Lo echo de menos. Extraño las palabras de Mandelstam, que no se rompen como nosotros.
miércoles, 10 de marzo de 2010
De Mark Twain
Twenty years for now you will be more dissapointed by the things you didn´t do than by the ones you did do. So throw off the bowlines. Sail away from the save harbor. Catch the trade winds in your sails. Explore. Dream. Discover.
viernes, 5 de marzo de 2010
Cantártica
La revista electrónica cantártica publicó unos poemas míos. Si se dan una vuelta y tienen comentarios serán muy bienvenidos.
martes, 2 de febrero de 2010
En librerías
En una entrada anterior aparece un libro que escribí. Ya está, al menos, en esta librería.
miércoles, 13 de enero de 2010
Otro nacimiento
Todo mi ser es un obscuro canto
que te lleva
a la madrugada del eterno crecimiento
y de las floraciones
en este canto suspiro tu suspiras
en este canto
te uní al fuego al árbol al agua
Quizás la vida es
una larga calle por la que una mujer
lleva una canasta
todos los días
Quizás la vida es
la soga con la que un hombre se cuelga de la rama
Quizás la vida es un niño regresando a casa de la escuela
Quizás la vida es encender un cigarrillo
en el tiempo adormecido que flota entre dos coitos
Quizás es la mirada ausente de un hombre
que se quita el sombrero
con la sonrisa insignificante
y su “buenos días”
Quizás la vida es el momento
en el que mi mirada se destruye a sí misma
en las pupilas de tus ojos
y éste es el sentimiento
con el que confundo mi idea de la Luna
mi percepción de la Noche
En una habitación tan grande como la soledad
mi corazón
que es tan grande como el amor
observa los sencillos pretextos de su felicidad
en la belleza marchita de las flores en el jarrón
en el arbolito que plantaste en el jardín
y en la canción de los canarios
que tiene el tamaño exacto de la ventana
Ah
esta es mi suerte
esta es mi suerte
mi suerte es
un cielo que se apaga al caer la cortina
Mi destino es bajar una escalera que nadie usa
y que conduce a la putrefacción y a la nostalgia
Mi destino es una triste caminata por el jardín de los recuerdos
es morir por el anhelo de una voz que susurra
“amo
tus manos”
Voy a plantar mis manos en el jardín
voy a crecer lo sé lo sé lo sé
y las golondrinas pondrán huevos
en el cuenco de mis manos manchadas de tinta
Voy a usar
un par de cerezas por aretes
voy a usar pétalos de dalia en las uñas de mis dedos
En un callejón
los que estuvieron enamorados de mí
merodean despeinados
con sus cuellos frágiles con sus piernas huesudas
Todavía piensan en las inocentes sonrisas de la niñita
que una noche se fue con el viento
Mi corazón se ha robado
un callejón del barrio de mi niñez
El viaje de una forma a través de la línea del tiempo
inseminando la línea del tiempo con la forma
una forma consciente de una imagen
que ha vuelto de un festín en el espejo
Y es de esta manera
en la que alguien muere
y alguien más sigue vivo
Ningún pescador encontrará perlas en el arroyo
que desemboca en la charca
Conozco a una triste princesita
que vive en el océano
y siempre muy suave
hace sonar su corazón en una flauta mágica
una triste princesita
que muere con un beso todas las noches
y renace con un beso todas las madrugadas
Forugh Farrokhzad
que te lleva
a la madrugada del eterno crecimiento
y de las floraciones
en este canto suspiro tu suspiras
en este canto
te uní al fuego al árbol al agua
Quizás la vida es
una larga calle por la que una mujer
lleva una canasta
todos los días
Quizás la vida es
la soga con la que un hombre se cuelga de la rama
Quizás la vida es un niño regresando a casa de la escuela
Quizás la vida es encender un cigarrillo
en el tiempo adormecido que flota entre dos coitos
Quizás es la mirada ausente de un hombre
que se quita el sombrero
con la sonrisa insignificante
y su “buenos días”
Quizás la vida es el momento
en el que mi mirada se destruye a sí misma
en las pupilas de tus ojos
y éste es el sentimiento
con el que confundo mi idea de la Luna
mi percepción de la Noche
En una habitación tan grande como la soledad
mi corazón
que es tan grande como el amor
observa los sencillos pretextos de su felicidad
en la belleza marchita de las flores en el jarrón
en el arbolito que plantaste en el jardín
y en la canción de los canarios
que tiene el tamaño exacto de la ventana
Ah
esta es mi suerte
esta es mi suerte
mi suerte es
un cielo que se apaga al caer la cortina
Mi destino es bajar una escalera que nadie usa
y que conduce a la putrefacción y a la nostalgia
Mi destino es una triste caminata por el jardín de los recuerdos
es morir por el anhelo de una voz que susurra
“amo
tus manos”
Voy a plantar mis manos en el jardín
voy a crecer lo sé lo sé lo sé
y las golondrinas pondrán huevos
en el cuenco de mis manos manchadas de tinta
Voy a usar
un par de cerezas por aretes
voy a usar pétalos de dalia en las uñas de mis dedos
En un callejón
los que estuvieron enamorados de mí
merodean despeinados
con sus cuellos frágiles con sus piernas huesudas
Todavía piensan en las inocentes sonrisas de la niñita
que una noche se fue con el viento
Mi corazón se ha robado
un callejón del barrio de mi niñez
El viaje de una forma a través de la línea del tiempo
inseminando la línea del tiempo con la forma
una forma consciente de una imagen
que ha vuelto de un festín en el espejo
Y es de esta manera
en la que alguien muere
y alguien más sigue vivo
Ningún pescador encontrará perlas en el arroyo
que desemboca en la charca
Conozco a una triste princesita
que vive en el océano
y siempre muy suave
hace sonar su corazón en una flauta mágica
una triste princesita
que muere con un beso todas las noches
y renace con un beso todas las madrugadas
Forugh Farrokhzad
sábado, 2 de enero de 2010
El año que llega
"For last year´s words belong to last year´s language and next year´s words await another voice".
P.D. Gracias a Anne Lingwall
T.S. Eliot
P.D. Gracias a Anne Lingwall
martes, 29 de diciembre de 2009
El día que María perdió la voz

Acaba de salir este librito que escribí. Se supone que es para niños pero a mi me gusta pensar que las historias no están hechas para tal o cual persona, sino para los que las quieran oír. Y bueno, la historia es de María, una niña muy pero muy parlanchina que un día pierde la voz en el super. Las ilustraciones las hizo una chava que se llama Cecilia Varela (y a quien desgraciadamente aún no conozco) y están increíbles, la colección es Barco de Vapor.
lunes, 30 de noviembre de 2009
Before the flood
Why did he promise
that we would build ourselves
an ark all by ourselves
out in back of the house
on New York Avenue
in Union City New Jersey
to the singing of the streetcars
after the story
of Noah whom nobody
believed about the waters
that would rise over everything
when I told my father
I wanted us to build
an ark of our own there
in the back yard under
the kitchen could we do that
he told me that we could
I want to I said and will we
he promised me that we would
why did he promise that
I wanted us to start then
nobody will believe us
I said that we are building
an ark because the rains
are coming and that was true
nobody ever believed
we would build an ark there
nobody would believe
that the waters were coming
that we would build ourselves
an ark all by ourselves
out in back of the house
on New York Avenue
in Union City New Jersey
to the singing of the streetcars
after the story
of Noah whom nobody
believed about the waters
that would rise over everything
when I told my father
I wanted us to build
an ark of our own there
in the back yard under
the kitchen could we do that
he told me that we could
I want to I said and will we
he promised me that we would
why did he promise that
I wanted us to start then
nobody will believe us
I said that we are building
an ark because the rains
are coming and that was true
nobody ever believed
we would build an ark there
nobody would believe
that the waters were coming
W.S. Merwin
miércoles, 14 de octubre de 2009
El Guardafauna
Alguien además de Dios,
cuida este invierno
la elefantería de Punta Norte
de la Península Valdés,
Provincia de Chubut,
República Argentina.
Es un hombre que toma su vida
en broma
y que, del mismo modo,
toma también en broma
la vida de todos los pequeños y grandes
elefantes marinos,
aunque a veces salga con un máuser
a disparar contra las orcas.
Ese hombre es el joven gurdafauna,
que tiene la obligación casi templaria
de mirar hacia el mar día tras día
y doscientos kilómetros
de tierra y viento a sus espaldas,
que pasa solo todo el invierno
recordando las mujeres del verano,
lejos, muy lejos de cualquier ciudad importante,
lejos hasta del único boliche
que hay en el camino
y que muchos días ni se molesta
en bostezar hacia el vacío.
Por eso Dios, que sabe
lo poco que conoce el guardafauna
de la vida de los pequeños y grandes
elefantes marinos
y hasta de esas piedritas de colores
que caen en el alma
cuando se tiene la obligación
casi templaria
de mirar hacia el mar día tras día
y doscientos kilómetros
de soledad a las espaldas,
se alegra de no ser el único que cuida
este invierno
la elefantería de Punta Norte
de la Península de Valdés,
Provincia de Chubut,
República Argentina.
Y cada fría mañana de sol,
cuando el joven guradafauna
apoya su zapatilla insolente
sobre el vientre de los machos más grandes,
Dios se ríe.
cuida este invierno
la elefantería de Punta Norte
de la Península Valdés,
Provincia de Chubut,
República Argentina.
Es un hombre que toma su vida
en broma
y que, del mismo modo,
toma también en broma
la vida de todos los pequeños y grandes
elefantes marinos,
aunque a veces salga con un máuser
a disparar contra las orcas.
Ese hombre es el joven gurdafauna,
que tiene la obligación casi templaria
de mirar hacia el mar día tras día
y doscientos kilómetros
de tierra y viento a sus espaldas,
que pasa solo todo el invierno
recordando las mujeres del verano,
lejos, muy lejos de cualquier ciudad importante,
lejos hasta del único boliche
que hay en el camino
y que muchos días ni se molesta
en bostezar hacia el vacío.
Por eso Dios, que sabe
lo poco que conoce el guardafauna
de la vida de los pequeños y grandes
elefantes marinos
y hasta de esas piedritas de colores
que caen en el alma
cuando se tiene la obligación
casi templaria
de mirar hacia el mar día tras día
y doscientos kilómetros
de soledad a las espaldas,
se alegra de no ser el único que cuida
este invierno
la elefantería de Punta Norte
de la Península de Valdés,
Provincia de Chubut,
República Argentina.
Y cada fría mañana de sol,
cuando el joven guradafauna
apoya su zapatilla insolente
sobre el vientre de los machos más grandes,
Dios se ríe.
Héctor Viel Temperley
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