lunes, 28 de marzo de 2011

Juan 21, 7 o los clavadistas

Para mi hijo Juan Francisco y para Edgar Rubio

¿Has visto a los clavadistas en "La Quebrada"?
Suben el risco ansiosos de alcanzar la cima
para luego mirar hacia el abismo
donde el mar es un dios oscuro e indomable,
una incógnita repetida como un bramido contra las rocas.

¿Qué buscan levantados y tensos como un arco presto a lanzar el arpón de sus morenos torsos?
¿Para quién, por el amor de quién se precipitan una y otra vez en el vacío?
Una misteriosa voluntad nunca satisfecha los eleva y los vuelve a lanzar a través del aire en el océano sin tiempo,
en esa herida abierta en el flanco de las rocas
como si el cosmos hubiera desgarrado ahí la materialidad de la tierra
y, apenas zambullidos, vuelven a salir, Sísifos del agua, a la superficie para emprender de nuevo el camino
mientras a sus espaldas, temerosos del dios, las falsas flores de las marquesinas,
los gritos del "trance",
las torres de los hoteles,
esa Babel del consuelo que Baal erigió junto a las playas,
acallan la pregunta del mar,
la voz del dios que continúa su bramido en las profundidades del risco.

Sólo los espectadores,
unos cuantos salidos del círculo infernal,
sobre las terrazas y las escaleras contemplamos el rito
como si en los clavadistas lo real recuperara su signo,
como si en ellos,
en la forma en la que levantan los brazos,
inclinan el torso y se lanzan el vacío
se materializara la experiencia de nuestras propias vidas
y expectantes aguardáramos una respuesta al misterio,
y yo me pregunto, en medio del tumulto,
¿si en cada clavado rememoran a Pedro
o acaso piensan en él cuando en la madrugada, sobre la barca, divisó al Señor en la orilla del Tiberiades y ciñéndose la piel de carnero se arrojó al mar?

Pero ellos están desnudos
y al erguirse en el risco dibujan la gran incógnita de la existencia que fue respuesta en Pedro.

Una y otra vez repiten el gesto
como esperando mirar un día al Señor junto a las rocas y ser acogidos en su desnudez;

¿o tal vez aguardan la mirada de Juan,
ese hijo de la vigilia, que en medio de la noche da en el blanco que todos buscaban y nadie veía?

No lo sé,
pero en ellos,
aún inmaduros como nosotros,
en ellos, que ávidos se lanzan día tras dia del árbol del risco en busca del dios
y al caer se hunden en el misterio sin encontrar reposo,
en ellos quiere dibujarse esa ternura de Pedro que era muestra de su amor.
Pero de sus gestos no emerge plenamente la ternura,
tensos ante el salto, temerosos de perderse, de extraviar la caída,
y una vez más vuelven a ascender con los oídos atentos a la resaca el dios
y una oscura esperanza que apunta ciegamente hacia el abismo.

Oh, Señor, tómala,
colócala en tu corazón,
consérvala junto a la plenitud que todavía no nos pertenece
y ahí, en el secreto de lo oculto que el bramido del mar aclama,
celebra el intento de los hombres por llegar a ti.
Tal vez de improviso,
en el océano al que se arrojan,
en ese ningún lado abierto en el risco,
se encuentra el sitio
donde la esperanza incomprensiblemente trasmuta el salto en ternura,
y las aguas y su orilla en ese hueco abierto donde la suma de los saltos se revela en el rostro de tu resurrección que nos acoge.

¿O no es verdad, Señor,
que al concluir el espectáculo,
en la sonrisa de los clavadistas
y la que nosotros les devolvemos desde la orilla,
existe ese rostro, atesorado desde siempre y aún desconocido por nosotros y ellos, de tu aparición?

Javier Sicilia

jueves, 20 de enero de 2011

Obra negra

Están quitando las ventanas de la casa de junto. Al principio pensé que sólo serían los marcos, pero no, están quitando las ventanas enteras. Ya no está ese cuadro de luz por el que salía el vapor de la regadera por las mañanas. Ahora la casa se está convirtiendo en un cubo de concreto, se está cerrando hacia ella misma. Tal vez sea una pupa, o una larva que se medita en su propia oscuridad. Qué se gesta ahí adentro, cuándo se abrirá.

Rafael Cadenas

La única doctrina de los ojos es ver.

lunes, 22 de noviembre de 2010

De Marzo del 79

Cansado de todos los que llegan con palabras, palabras, pero no lenguaje,
parto hacia la isla cubierta de nieve.
Lo salvaje no tiene palabras.
¡Las páginas no escritas se ensanchan en todas direcciones!
Me encuentro con huellas de pezuñas de corzo en la nieve.
Lenguaje, pero no palabras.


Tomas Tranströmer

miércoles, 2 de junio de 2010

Una chulada

Ayer por la noche, de regreso a casa en la bici, pasé enfrente del departamento de un buen amigo. Estaba recargado en el balcón fumando un cigarro. Me invitó a pasar. Charlamos tan agusto como siempre y después de darle vueltas a los temas que nos comen la cabeza, me mostró esta joya que no había leído y que me parece, por decir lo menos, fantástica.

The Season of Phantasmal Peace

Then all the nations of birds lifted together
the huge net of the shadows of this earth
in multitudinous dialects, twittering tongues,
stitching and crossing it. They lifted up
the shadows of long pines down trackless slopes,
the shadows of glass-faced towers down evening streets,
the shadow of a frail plant on a city sill --
the net rising soundless at night, the birds' cries soundless, until
there was no longer dusk, or season, decline, or weather,
only this passage of phantasmal light
that not the narrowest shadow dared to sever.

And men could not see, looking up, what the wild geese drew,
what the ospreys trailed behind them in the silvery ropes
that flashed in the icy sunlight; they could not hear
battalions of starlings waging peaceful cries,
bearing the net higher, covering this world
like the vines of an orchard, or a mother drawing
the trembling gauze over the trembling eyes
of a child fluttering to sleep;
it was the light
that you will see at evening on the side of a hill
in yellow October, and no one hearing knew
what change had brought into the raven's cawing,
the killdeer's screech, the ember-circling chough
such an immense, soundless, and high concern
for the fields and cities where the birds belong,
except it was their seasonal passing, Love,
made seasonless, or, from the high privilege of their birth,
something brighter than pity for the wingless ones
below them who shared dark holes in windows and in houses,
and higher they lifted the net with soundless voices
above all change, betrayals of falling suns,
and this season lasted one moment, like the pause
between dusk and darkness, between fury and peace,
but, for such as our earth is now, it lasted long.

Es de Derek Walcott.

viernes, 30 de abril de 2010

A mitad de la noche

Me levanto a mitad de la noche con mucha sed.
Mi viejo duerme, mis hermanos duermen.
Estoy desnudo en el medio del patio
y tengo la sensación de que las cosas no me reconocen.
Parece que detrás de mí nada hubiese concluido.
Pero estoy otra vez en el lugar en el que nací.
El viaje del Salmón
en una época dura.
Pienso esto y abro la heladera:
un poco de luz desde las cosas
que se mantienen frías.

Fabián Casas

miércoles, 21 de abril de 2010

Lo echo de menos

Yo tenía "Cuadernos de Voronezh". Fue un regalo muy querido de Begoña Pernas. No lo encuentro. No lo encuentro. Lo echo de menos. Extraño las palabras de Mandelstam, que no se rompen como nosotros.